Durante los años de juego, los niños
adelgazan y crecen y la grasa del bebé se convierte en músculo. Se modifican
muchas de las características diferenciales del niño pequeño, desaparece el
vientre prominente, la cara ya no es tan redondeada, las extremidades se
alargan y las dimensiones de la cabeza se hacen más proporcionadas con respecto
al resto del cuerpo. La mayoría de los juegos y actividades que se realizan en
este periodo van acompañados de movimiento físico. Las habilidades motoras de
los niños aumentan a esta edad considerablemente debido a la combinación
de la maduración cerebral, la motivación y la práctica, ya que la mayoría de
los juegos y actividades que se realizan en este periodo van acompañados de un
importante movimiento físico. Otro de
los cambios internos que va a afectar al desarrollo externo del niño comienza
después del primer año de vida. De los tres a los seis años la mielinización se
produce en las áreas del encéfalo dedicadas a la memoria y a la reflexión.
Debido a este proceso el niño puede actuar, cada vez más, de forma
reflexiva y no dejándose llevar siempre por sus impulsos, como sucedía en
etapas anteriores. A un nivel práctico,
el desarrollo cognitivo que se produce a esta edad conlleva numerosos cambios. El
niño de esta edad se esfuerza por ordenar las cosas y progresivamente va
consiguiendo mejores resultados. Le gusta ayudar en las tareas domésticas. En
cuanto a la autonomía, necesita supervisión del adulto para la mayoría de las
tareas como lavarse los dientes o ducharse, pero progresivamente puede ir
realizando algunos de los pasos que las componen. Pueden enjabonarse o secarse
solos y que el adulto repase los lugares de difícil acceso. A esta edad el niño ya puede crear compañeros
de juego imaginarios que sumará a sus amistades reales. Entre sus juegos
favoritos están los de dramatización y roles que lleva a cabo con otros niños.
También los de práctica sensoriomotora (actividad física) de los que disfruta
simplemente por las sensaciones que provocan. A esta edad el niño ya puede
imaginar sin actividad, por lo que es capaz de crear compañeros de juego
imaginarios que sumará a sus amistades reales. Comprende la necesidad de
compartir juguetes y lo pone en práctica con mayor frecuencia a medida que
cumple años. Comienza a conocer la diferencia entre presente y pasado y va
tolerando la necesidad de posponer la satisfacción de deseos. Una adecuada
regulación emocional y mayor tolerancia a la frustración ayudarán a conseguir
este objetivo. Los niños son muy observadores y muchos de los avances se
producen por el modelado de las personas significativas. Los niños copian lo
que ven, ya sea esta la intención del adulto o no. Si a este aprendizaje por observación
se le añade atención, dedicación y que el adulto lleve a cabo el esfuerzo de
ponerse en su lugar, el aprendizaje del niño aumenta cualitativa y
cuantitativamente
Psicología del Desarrollo Carné: 202203552. Universidad Da Vinci Guatemala. Catedrática: Licda. Norma Coyoy
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